Arcos Caídos (Exceso De Pronación)

Superficies naturales vs. superficies duras

¿Recuerdan cómo caminamos en la arena de la playa? ¡Esa es la forma natural de caminar! Se darán cuenta que la arena forma un soporte completo bajo el pie. Desgraciadamente, en vez de superficies blandas naturales, caminamos sobretodo el superficies duras como pavimentos y suelos. Estas superficies duras causan que el pie se incline hacia el interior y que los arcos se vuelvan planos para ganar contacto con el suelo. ¡Esta condición se conoce como «pronación excesiva» y afecta a un 70% de la población británica!

La pronación excesiva puede causar diversos problemas en los pies como el dolor del talón y el dolor del metatarso del pie. Como los pies son la cimentación del cuerpo, los pies mal alineados pueden causar problemas en otras partes del cuerpo, resultando en dolor de espinilla, piernas doloridas, dolor de rodilla e ¡incluso lumbalgia!

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Tipos de pies

Los tipos de pies se dividen en tres grupos principales: los pies planos (Pes Planus), los pies muy arqueados (Pes Valgus) y los pies normales o poco arqueados.

Un pie completamente plano es muy raro. De hecho, menos de un 5% de la población tiene pies planos, es decir un pie sin arco alguno y la superficie inferior completamente plana y tocando el suelo. Un 5-10% de las personas tienen pies muy arqueados.

La mayoría de la población tiene pies normales o poco arqueados. Aunque los arcos parecen normales, la mayoría padecemos la pronación excesiva al caminar, correr y estar de pie, debido a las superficies duras, planas y antinaturales sobre las que caminamos, combinado con el uso de calzado sin soporte. A cada paso los arcos se aplanan y los tobillos se inclinan hacia el interior.

La pronación por sí misma no es un problema porque debemos pronar y supinar como parte del ciclo natural de caminar. La pronación (inclinación interior) actúa como mecanismo de absorción de golpes y la supinación (inclinación exterior) ayuda a impulsar los pies hacia adelante.

La pronación excesiva ocurre cuando el pie prona demasiado y durante demasiado tiempo, sin permitir que el pie se «recupere» y supine. La pronación excesiva dificulta nuestro patrón natural de caminar. ¡Causa un desequilibrio y produce un desgaste en varias partes del cuerpo en cada paso que damos!

Un patrón inadecuado al caminar puede contribuir a diversas dolencias. Especialmente con la edad, una alineación incorrecta de los pies acaba causando dolencias comunes como el dolor del talón o el dolor de rodilla.